El descubrimiento del arqueólogo Alfonso Caso Andrade, la Tumba 7 de Monte Albán, cumplió 89 años de haber cambiado por completo la arqueología en México.

El hallazgo, rico no solo en joyas, sino en historia, ocurrió el 9 de enero de 1932, y puso en escena a las culturas zapoteca y mixteca entre las grandes civilizaciones mesoamericanas.

En la Tumba 7 se encontraron diversos materiales como concha, coral, perlas, turquesa, cristal de roca, obsidiana, alabastro, azabache, ámbar, oro, plata, cobre, barro y dientes, así como huesos de animales con finos grabados tipo códice; que evidenciaron el esplendor del arte mixteco en cada una de las más de 600 piezas que lo conforman.

Este descubrimiento originó un sinnúmero de investigaciones que actualmente siguen vigentes, desentrañando los secretos que ofrece el recinto funerario.

En los años 60, Alfonso Caso concluyó que la ofrenda pertenecía a grupos mixtecos que en el periodo Posclásico (1250–1521 d.C.) reutilizaron la tumba zapoteca del Clásico (0–100 d.C.), para enterrar a sus nobles y dedicarles los exquisitos objetos que representan a deidades y en algunos casos llevan inscritos pasajes de su devenir.

En la Tumba 7 de Monte Albán fueron encontradas más de 200 diademas de oro laminado, así como brazaletes de oro, plata, cobre, obsidiana y concha; broches, pectorales, collares y otros objetos metálicos; un cráneo decorado con mosaicos de turquesa, un caracol trompeta y diversos objetos de cerámica mixteca. También fueron halladas tres urnas y una caja de cerámica de creación zapoteca.

En el recinto funerario se identificaron los restos de nueve adultos varones, dos mujeres, un infante y dos jóvenes.

Las joyas encontradas en Monte Albán fueron expuestas en la Feria Internacional de Chicago, siendo trasladadas en un tren militar llamado Olivo.

Actualmente se encuentran en el Museo Nacional de Antropología en la Ciudad de México, y en el museo de Santo Domingo en Oaxaca, donde están las piezas más importantes.

Por mencionar algunas de las piezas que ahora se encuentran en Oaxaca, en vitrinas diseñadas específicamente para mostrarlas como nunca antes, están las tres urnas zapotecas que se hallaron en la antecámara de la tumba y que representan a deidades como Cocijo; y el icónico cráneo cubierto con turquesas adheridas con resina compuesta de copal y semillas de amaranto, el cual hoy se sabe es un objeto ritual mixteco, representación de Mictlantecuhtli o el “Señor del inframundo”.

Resaltan también la Mascarilla en oro de Xipe Tótec, “Nuestro señor el desollado”, la que —a decir del propio Caso— es “quizá la pieza más bella de las que estaban en la tumba”; el Pectoral con flechas otra obra maestra de la orfebrería mixteca que muestra a Coo Dzavui (Koo Sau), «Serpiente de la lluvia», adornado con motivos preciosos como plumas de quetzal y rosetones de jade; así como el Caracol trompeta con su punta recortada para convertirse en instrumento musical.

Créditos: oaxaca.quadratin.com.mx

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