Viajar por México y adentrarnos en sus secretos mejor guardados nos lleva a entender la nueva definición de lujo: apreciación por lo local, lo hecho a mano, el talento de nuestros artesanos, la belleza del paisaje, los sabores locales, las texturas de los textiles y la calidez de la gente.

Tejiendo México propone un recorrido por el estado de Oaxaca y su riqueza artesanal.

Las tramas del Mar

Famoso por ser la tierra del maestro Francisco Toledo y del traje de tehuana, el istmo de Tehuantepec también resguarda a San Mateo del Mar. La zona es habitada por indígenas huaves (también conocidos como mareños o ikoots), cuya lengua tiene influencias del español y del zapoteco. Además, en San Mateo del Mar también vivió Doña Justina Oviedo Rangel.

Foto: Abisai Navarro.

Convencida de que para seguir adelante es necesario mirar atrás, Doña Justina pasó su vida entera frente al telar, tejiendo historias tradicionales del Istmo. En el proceso, reinventó el tejido redondo en el telar de cintura y recuperó una complicada técnica inédita de brocado. Y aunque falleció en el 2014, su trabajo continúa de la mano de sus descendientes y del grupo de artesanos que lleva su nombre, en el cual once miembros y varias niñas aprenden las técnicas textiles que les enseñan sus mayores.

Foto: Abisai Navarro.

Gran parte de los tejidos que hacía Doña Justina eran para el traje tradicional de las mujeres de San Mateo del Mar, el cual tiene dos funciones: lujo y mortaja, y sólo puede ser portado por las solteras. Este huipil tradicional se elabora utilizando algodón sembrado, cosechado e hilado por las propias mujeres, y es teñido con grana cochinilla, caracol púrpura o añil.

Para tejerlo se utiliza la técnica de la trama suplementaria (o brocado), y su decoración consiste en motivos que recuperan la flora, la fauna, la cotidianidad y la cosmovisión de la región: pájaros, barquitos con pescadores, tortugas y, por supuesto, el mar. Todo el proceso de elaboración toma aproximadamente un mes de trabajo y, una vez listo, se lleva sobre un deslumbrante enredo en rojo o morado adornado con líneas amarillas y tejido también en telar de cintura.

Foto: Abisai Navarro.

Uno de los colores más apreciados por Doña Justina fue el púrpura, que se obtiene del caracol Tixinda. El auge de este tinte alcanzó su máximo esplendor durante el período virreinal, cuando el alcalde mayor de Nicoya, Costa Rica, controlaba la extracción y el comercio del hilo de algodón teñido con Púrpura desde Acapulco hasta el norte del Perú.

En San Mateo del Mar, este colorante suele usarse en hilos de algodón coyuchi, una variedad americana de esta planta que actualmente se cultiva en muy pocos lugares y cuyo nombre significa “algodón de [color de] coyote” en nahuatl. El capullo de esta variedad es tan pequeño que es imposible hilarlo industrialmente. Por ende, todos los textiles fabricados con algodón coyuchi son elaborados a mano de principio a fin.

Foto: Marcella Echavarria.

Así, y de la misma manera en que los hombres de San Mateo tejen sus redes y atarrayas para salir a pescar todos los días, las mujeres hilan las historias de su comunidad. Los textiles tradicionales contienen códigos y signos que hablan del arraigo, la continuidad y la fortaleza de un pueblo, manifiestan la riqueza cultural y recrean la manera de ver el mundo. Como alguna vez dijo la antropóloga Ruth Lechuga: “la indumentaria es un síntoma; es decir, el signo extremo de la cultura de un pueblo”.

Foto: Marcella Echavarria.

Foto principal: Abisai Navarro.

Créditos: travesiadigital.com