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Repensando México, desde Oaxaca: una entrevista con Edith Matías, quien comparte su íntima relación con la identidad zapoteca.

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Diálogo con Edith Matías Juan

* “Repensando México, desde Oaxaca” es una serie que compila voces y perspectivas sobre el país, y sobre la vida, provenientes del estado. Se trata, simplemente, de enriquecer el vasto imaginario que confluye en el territorio mexicano. 

Cuenta la gente que en la comunidad de Villa Díaz Ordaz, ubicada en los Valles Centrales de Oaxaca, vive un corazón que se describe a sí misma como una mujer zapoteca. Una madre, una hermana, con ideales y algunas utopías por las que está trabajando. Edith Matías Juan se define como integrante de una comunidad; una mujer muy local, muy de su pueblo y de su entorno. Ella va explorando y conociendo otras formas de vida, otros mundos con la idea de estar y de siempre seguir haciendo comunidad.

Desde el Centro Profesional Indígena de Asesoría, Defensa y Traducción, A. C. (Cepiadet), donde colabora, busca replantear lo que significa el acceso a la justicia, no sólo en los tribunales sino también a una vida digna. Edith se cuestiona si, en realidad, el modelo dominante garantiza un entorno digno para  las personas. A sabiendas de que el acceso a derechos básicos como la salud, justicia y educación pocas veces son garantizados.

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Imagen: Tamoa

Historias que definen caminos

¿Qué es lo que Edith recuerda de su niñez?

Me recuerdo desde muy niña con mi abuela paterna, con la que vivíamos en casa. Siempre me acostaba con ella y cuando apenas empezaba a caminar, lo hacíamos entre las mazorcas cuando ella desgranaba maíz o frijol. Me metía a la tina o a los costales de frijol con vaina para aplastarlo y sacarlo. 

Mi abuela marca mi niñez como una de las personas que me cuidó. Me enseñó pues prácticamente todo hasta ya muy grande. Cuando ella falleció, yo tenía como 20 años. Y muchas de las cosas que sé, es gracias a ella, incluso la lengua, el zapoteco. De mis hermanos soy la que mejor habla por la convivencia con mi abuela. Ella hablaba poco español, siempre me habló en zapoteco. Mis hermanos y mis primos le respondían en español, pero ella siempre en zapoteco. También, me enseñó la importancia de la comunidad y del campo, que son unas figuras muy importante para mí.

¿Recuerdas alguna historia de la comunidad que te haya contado tu abuela?

Me contaba muchas historias, una de ellas fue de cómo nuestro pueblo fue fundado por campesinos y pobladores de Tlacolula, que se dedicaban al pastoreo de animales. En ese entonces, en esta zona habían muchos pastizales donde traían a pastar ganado. Con el tiempo, para ya no tener que regresar hasta Tlacolula a guardar sus animales, decidieron asentarse aquí. Es un pueblo que se funda en la época de la colonia, en la época del virreinato. Ella cuenta que fueron dos mujeres que, con cueros de borregos y de chivos, hicieron tiras y con eso delimitaron el perímetro de todo lo que abarcaría el pueblo. Esas dos mujeres lo midieron e hicieron su mapa. Después, se fueron caminando hasta la Ciudad de México para conseguir los títulos de propiedad de la comunidad y que el virrey se los diera.

El primer nombre que recibió el pueblo es Ni Gueû, en Zapoteco, porque lo atraviesa un río que actualmente tiene agua sólo en épocas de lluvia, el resto del año está seco. El nombre quiere decir “al pie” o “a la orilla del río”. Ya después se llamó Santo Domingo del Valle, y más adelante, en otra época, le cambiaron el nombre a Villa Díaz Ordaz por un enfrentamiento que hubo donde hirieron a un coronel de las fuerzas liberales que se llamaba José María Díaz Ordaz. Y como murió aquí, para honrar su muerte, le cambiaron el nombre al pueblo. 

También contaba ciertas leyendas de cómo se fundó la iglesia. Esta tiene que ver con las historias de otras comunidades, porque los mixes dicen que Kondoi salía de su montaña en forma de serpiente y demás, entonces, mi abuelita narraba que aquí cerca hay una colina donde está la cueva de esa serpiente que es muy larga y que en la cola tenía plumas. Me contaba que unos campesinos que estaban paseando a sus animales vieron o escucharon un temblor muy fuerte y se acercaron a ver de donde provenía, y era la serpiente que iba pasando rumbo a su cueva. Ellos la querían atrapar pero, en el intento, sólo lograron atrapar dos de sus plumas que se le cayeron de la cola. Se llevaron las plumas a su casa y las guardaron en un baúl. Cuando despertaron, escucharon un ruido dentro del baúl y al abrirlo vieron que las plumas se habían convertido en monedas de oro. Ellos fueron y le platicaron lo sucedido al sacerdote de la parroquia de Tlacolula. Él les dijo que podía ser como algo malo, dinero del diablo, y para limpiar el dinero tenían que construir una iglesia. Y por eso se construyó la iglesia con esas monedas de oro que surgieron de las plumas de la serpiente. Dicen que debajo de la iglesia están enterrados, en cada uno de los cuatro puntos cardinales, unos barriles llenos de monedas de oro. Es por eso que todos quieren explorar?

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¿Cómo fue tu paso por la escuela?, ¿cuál era tu sentir en ese caminar?

Estudié preescolar y primaria aquí en la comunidad, ya que es el máximo nivel educativo que hay en la comunidad. Tenemos una telesecundaria, pero en ese tiempo había muchos problemas. Mis papás, haciendo un gran esfuerzo, me apoyaron para ir a estudiar en una secundaria técnica en Tlacolula. Ya después estudié la preparatoria en Oaxaca. Ahí trabajaba en una casa donde me permitían ir a la escuela en las mañanas y en las tardes hacer labores de la casa.

Posteriormente estudié la licenciatura en ciencias de la educación en la Universidad Autónoma Benito Juárez, en la ciudad de Oaxaca. Era una escuela de reciente creación y nos tocó los inicios del instituto. Estudié esa licenciatura para estudiar algo relacionado con la educación, ya que una de mis tías, que ha sido una gran influencia en mi vida, es maestra de primaria. Yo quería hacer un tipo de docencia y viendo las opciones vi que este instituto ofrecía investigación educativa, y administración de cuestiones educativas y de derechos humanos. Por eso elegí esa licenciatura. Después nos cambiaron el plan de estudios y, en tercer semestre, casi dejo la licenciatura. Pensé en cambiarme a derecho pero, platicando con los profesores, me animaron a quedarme. Me llamaba la atención la psicología educativa y la comunicación. Pero, al final, me quedé y terminé, aunque todo lo que he hecho en la práctica está más relacionado con derecho.

La comunidad(desde la familia hasta la política) como forma de vida

¿Para Edith qué representa su comunidad, cómo la define?

Es una comunidad donde las personas que la conformamos estamos mirando hacia el exterior y como intentando mejorar cosas de la vida cotidiana. La gente aquí siempre estamos buscando mejores condiciones. Muchas personas han migrado, pero no dejan de mantener este vínculo con la comunidad. Las personas que estamos aquí y sostenemos la comunidad, somos muy unidas y participativas. Las personas que trabajan el campo son quienes, al interior, mantienen la comunidad, las que dan los servicios comunitarios.

Uno de los elementos que nos hacen estar a veces desunidos es la cercanía que tenemos con la ciudad, porque debilita las instituciones comunitarias. Uno de los retos es querer adoptar o copiar cosas del exterior que, a veces, no nos han dado buenos resultados. Decimos que nosotros teníamos una forma de hacer las cosas y por querer imitar el exterior nos metimos en algunos problemas. Es el choque entre mantener las asambleas y las formas de organización local, versus decir no voy a dar un servicio, más bien que se contrate alguien. Otro ejemplo es que se dejaron de dar servicios cuando se inició el programa de policías comunitarias en el estado, se crea este cuerpo de seguridad y ahora estos policías ya son pagados. Esto debilitó la estructura de los topiles y, ahora, fungen como meros mensajeros, ya no tienen la fuerza de antes. Pero, por otro lado, también hay muchas personas que por sus experiencias poco a poco van revalorando las cosas positivas de las estructuras comunitarias. Se han defendido estas formas de organización. En los últimos 5 o 6 años, ha habido más participación. Incluso gente que ha estado fuera, de pronto, regresa y empieza hacer sus servicios.

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Foto: cortesía del autor

¿Cómo percibes la lucha entre la visión comunitaria y la individualista que caracteriza al modelo capitalista?

En las formas de organización comunitaria todos tienen que participar y todos tienen que aportar de la misma manera. Esto se podría ver como algo muy pesado ya que inviertes tiempo y trabajo, y cuando estás inserto en un trabajo fuera de la comunidad donde tienes que cumplir cierto horario, donde sólo tienes vacaciones cada cierto tiempo o a veces ni siquiera tienes vacaciones. Antes, si formabas parte del municipio y eras maestro, te daban un permiso especial para ser autoridad de tu comunidad. Actualmente, ya no se otorga ese permiso. Para las personas que tienen trabajo en una institución externa se vuelve muy complicada la situación de estar presente cuando te toca dar un servicio y, ahora, se propone que se pague a alguien, desvirtuando el sentido del servicio comunitario.

Estos temas se exponen en las asambleas y son debates bien complejos, porque hay una visión externa que quiere que el estado se haga cargo garantizando los servicios, mientras el pueblo paga los impuestos (lo cual traduce el servicio en términos monetarios). Pero la mayoría de gente que vivimos aquí no tenemos un ingreso quincenal para pagar el agua, la luz y todos los demás servicios. Aquí la gente trabaja el campo y cuida los animales para el sustento y, entonces, la aportación a la comunidad es el trabajo. Por eso, la postura entre la comunidad y lo individual genera confrontaciones y reflexiones. Hay personas que sólo quieren pagar sin dar servicio a la comunidad. Todos estos debates tienen que ver con la organización, el acceso al agua, el acceso al transporte y así varias cosas que se sostienen desde la comunidad y que, a veces, pudiera parecer fácil que lo garantice el estado o los particulares.

Algo a lo que le he dado vueltas es esta situación de adentrarnos en lo que es la comunidad, los saberes de la comunidad y empezar a hacerlos visibles. Por ejemplo, el cultivo de nuestros propios alimentos, el acceso a la salud comunitaria o medicina tradicional. Antes había varios señores que eran hueseros y, si tenías una fractura, ibas con ellos y te arreglaban. Actualmente ya no hay nadie que haga ese trabajo. Entonces, no tenemos un buen acceso a los servicios de salud del estado y tampoco tenemos estas alternativas como parteras y hueseros o curanderas. ¿Cómo empezamos a recuperar estas cosas?

 Mi bisabuela era partera y mi mamá sabe un montón de cosas de medicina, pero nadie le dijo que eso era un conocimiento valioso. Por ejemplo, a mi hija siempre la ha curado a ella del empacho y otras cosas. Y siempre le decimos a mi mamá que tiene unas manos bien suaves con una sensación bien cálida, bien bonita, pero no lo hace ya como debería, como algo sistemático, más bien lo hace de manera eventual u ocasional. Así como mi mamá, estoy segura de que hay en muchas familias gente que sabe de muchas otras cosas. Es importante empezar a hacer esa recuperación y reapropiación de estos saberes, que nos hacen mucha falta en estos momentos. Es algo en lo que estoy pensando y en cualquier momento se va convertir en algo más concreto.

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Diego Rivera

¿Cuál es tu pensar respecto a los 500 años de la caída de Tenochtitlán?

Pienso que, por el lugar donde estamos, los efectos de la caída de Tenochtitlán y la invasión de los españoles nos empezó a llegar después. De pronto ya estábamos en otras situaciones que estaba relacionada con defender los territorios zapotecas. Hace unos años visitamos San José del Mogote, que es una comunidad de Etla, el primer asentamiento de la región, ya que las ruinas se construyeron antes que Monte Albán, cuando se dan los enfrentamientos con los mixtecos y demás. La gente que habitaba en Mogote salió y se asentó en Monte Albán.

Hay muchas de esas historias que la gran mayoría de las personas zapotecas desconocemos, porque lo que nos ha llegado es la historia oficial que se nos ha transmitido a través de las escuelas. Las cuestiones de la identidad nosotros aquí en la comunidad, y desde niña, sabíamos que éramos diferentes porque hablábamos una lengua diferente y los maestros se enojaban con nosotros por no echarle ganas al español. La palabra indígena para mí tuvo mucho tiempo una connotación rara, no sabía si yo era eso. En términos de conocer esas historias y cómo fue para nosotros, como pueblo zapoteco, la llegada de los españoles, la invasión, lo vivimos con efectos más tardíos, como la obligación en la escuela de hablar el español o que se estigmatizaran muchas de nuestras prácticas, nuestras formas de curarnos. Recuerdo que en la escuela había un maestro en particular que a varias compañeras que les sucedía un accidente sus mamás querían entrar en la escuela para curarlas de susto, para curar de susto tienes que ir al lugar donde te caíste o donde te pegaron para recobrar tu alma, y entonces el maestro se burlaba mucho. Como niña pensaba “yo no me quiero caer y que mi mama venga a recoger mi alma porque se van a burlar”, esa idea de tratar de hacernos al modo de los maestros lo tengo muy presente. 

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Para los zapotecos, y la mayoría de la población indígena, la evangelización fue un proceso muy duro y violento. Después esas formas fueron cambiando y la violencia se fue haciendo más sutil a través de las burlas, hasta el grado de hacernos creer que esas prácticas y esos conocimientos son malos o no son efectivos. Ahorita el hecho de que en la comunidad haya una sola curandera y que ya no haya parteras es un efecto de esos 500 años que seguimos mirando hasta ahora. Eso es lo que significa para nosotros, a pesar de tanto tiempo, esa parte que no nos ha sido contada la seguimos vivenciado de manera violenta cada día. 

En nuestro pueblo hemos intentado hacer unos proyectos, con la única maestra que habla el zapoteco en toda la comunidad, para dar un curso de rescate de la lengua y de la cultura, pero siempre queda como un proyecto alterno. La misma estructura de la escuela sólo refuerza el español y todo lo relacionado con contextos externos a nuestra comunidad. Ahí está el clásico ejemplo de enseñarle a los niños elementos de la cultura vial, dicen “sal a la calle y observa los semáforos”, pues aquí no tenemos semáforos. Los contenidos educativos están planteados desde otras partes, incluso en los mismos derechos humanos, en los derechos de las mujeres y en la organización de política de México no hay nada sobre los servicios comunitarios, no hay nada de estas otras formas de organización comunitaria o participación política. Como los ejercicios que hacen los del INE de depositar tu tarjeta en la urna, cuando aquí en la comunidad la participación es en la asamblea mirándonos todos, hablando todos y tardándonos mucho tiempo en ese diálogo y en esa participación. El sistema trata de despegarnos de eso, imponiendo que la forma de participar es poniendo un tache en una boleta y cuando te llega la hora de participar en la comunidad les da flojera sentarse 6 o 7 horas a escuchar. Pareciera que no, pero la escuela sigue haciendo esa tarea de asimilar, de anular esas otras formas de vida o mantenerlas al margen, como se han mantenido a lo largo de los años.

Las políticas públicas han obligado a aumentar cargos que no tienen razón de ser, porque hay otras instancias comunitarias que se ocupan de ello. Ese es el caso de las contralorías sociales, que son un comité propuesto por el estado para vigilar obras y demás, pero en nuestras formas comunitarias ya se hacía esa vigilancia, porque había un mecanismo para vigilar las obras, pedir los tequios, pedir las cooperaciones. Pero ahora tenemos una contraloría social que lo que hace es cumplir con los formatos que les pide la institución que la crea y ya. Lo mismo pasa con las extensiones de los DIF municipales. Aquí en la comunidad no tenemos esta figura que generalmente es la esposa del presidente, sino que en asamblea se nombra al comité del DIF municipal. Como decía antes, la seguridad estaba a cargo de los topiles, con una estructura que funcionaba bastante bien, y actualmente está la policía municipal que depende del municipio, pero también de la secretaría de seguridad pública estatal y es una policía pagada. Otro problema es que los policías que mandan a la comunidad no son de aquí y, entonces, en lugar de generar seguridad, generan desconfianza. Y cuando suscitan anomalías con la policía, dejas de sentirte segura en tu propia comunidad.

Bandera de Independencia (1833)

Desde la independencia de México se ha tratado de crear o imponer una identidad como mexicanos, ¿para ti hay una diferencia entre ser mexicana y ser zapoteca?

Son debates muy recientes que nunca me cuestioné porque en mi acta de nacimiento decía nacionalidad mexicana. Lo sabía porque nací en México y así es, pero últimamente le decía a mi mamá y a mis hermanos “nosotros bien podríamos ser guatemaltecos u hondureños, de cualquier lugar porque estamos en Latinoamérica, podríamos ser cualquiera”. Y pues la nacionalidad mexicana es como un elemento más de lo que puedes usar, sobre todo fuera de aquí. En la comunidad todos somos mexicanos pero no nos es útil nombrarnos así, no es algo útil en la vida cotidiana. A menos de que tengas que migrar, ahí sí debes llevar algo que te identifique, de dónde eres. Por ejemplo, los paisanos que viajan o viven en Estados Unidos usan el pasaporte y dice “mexicano”. Una vez que tuve oportunidad de viajar a Los Ángeles, California, me decían que ser mexicano te daba muchas más ventajas que ser de cualquier otro país de Latinoamérica y ahí sí te sirve ser mexicana. 

Pero aquí en la comunidad no constituye mayor ventaja y la cuestión de ser zapoteca en términos externos no sé si ha sido ventaja, tal vez para mí sí porque, a partir de terminar la universidad, encontrar a los compañeros de Cepiadet fue para mí un antes y un después en mi historia. El antes marcado por esta situación de superación para hacer cosas fuera de la comunidad, quitarnos esta identidad de ser zapoteca y sólo ser en lo privado, en casa, pero cuando llegué a Cepiadet fue el cambio total de decir “claro que yo puedo ser zapoteca fuera de mi casa, decirlo y usar mi lengua; ser intérprete“. 

Empecé a hacer un trabajo por este conocimiento e identidad que yo tengo y, entonces, se vuelve como una cuestión de apropiación y de reforzar mi identidad como zapoteca. Seguirla manteniendo y fortaleciendo aun al interior de la familia, ha sido bien bonito; el redescubrimiento de nuestra identidad como comunidad y como familia zapoteca. 

Recuerdo que, hace muchos años, para una tarea teníamos que hacer una encuesta. Una pregunta decía: ¿tu municipio es indígena? Entonces, yo le pregunté a mi tía, la que te decía que era maestra. Lo que me respondió mi tía fue “aquí en Díaz ya no somos indígenas porque hay escuelas, ya la gente sabe hablar español, ya no somos indígenas”, como en esta idea de superar el ser indígenas y dejar esa identidad. Eso se me quedó mucho tiempo, esto de que no éramos indígenas, y fue en Cepiadet donde pensé en los derechos de las personas indígenas. Pensé que podíamos hablar la lengua donde nosotros quisiéramos y, también, en esta cuestión de que no éramos los únicos. Hay mixtecos, hay triquis, hay de todo, y eso no nos hace personas menos valiosas o personas menos inteligentes. 

Así cuando empieza una revolución, generar esos espacios donde te sientes bien en compartir tu lengua, y lo que sabes, genera muchos cambios. Ya después invité a mi tía a un curso y, en una sesión sobre racismo, mi tía compartió que cuando era niña en la escuela era siempre el reforzamiento del español. Ella por querer hablar con una de sus compañeras, le quería hablar en zapoteco, pero la maestra la jalo de los cabellos y le dijo “ya cállate y deja de hablar esa lengua que pareces guajolota”. La lastimó, ella lloró y desde ahí sólo habló el español. A sus hijos les hablo muy poco zapoteco, y tiene que ver con estas historias. 

Ahora que nos juntamos y hablamos en zapoteco con las niñas pequeñas de la casa, les hablamos como algo natural y normal. Hay un cambio de identidad que genera otro vínculo.

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Foto vía vivieoaxaca.org

De lo particular a lo plural

¿Qué es lo que Oaxaca aporta a México como país?

Aporta la diversidad cultural, lingüística, que permite que las personas sean más creativas para resolver conflictos, para mantener la vida como tal. La gente de Oaxaca nunca le ve un solo lado a las cosas, puedes enfrentarte al mismo problema varias veces y, cada vez, encontrar una manera distinta de resolverlo. Es algo bueno ya que la gente no tiene fórmulas. Tenemos la capacidad de cambiar, de innovar, de proponer. Por algo en Oaxaca (en términos de arte, de ciencia y demás) hay muchas personas destacadas y esto más allá de los que han ganado premios. A nivel local y comunitario encontrarás a la maestra o maestro que hace música, a la cocinera, a la gente que sabe curar con plantas, a las parteras

Hay mucho conocimiento dentro de la comunidad y ese conocimiento se comparte, se transmite. No generas un conocimiento como para capitalizarlo y luego venderlo al mundo. Es algo bien importante. La gente comparte su conocimiento y te enseña. Tú vas con la artesana y te muestra cómo tiñe sus textiles, cómo prepara su hilo, cómo prepara su telar y no te cobra por esas enseñanzas. A diferencia del modelo capitalista que dice “yo sé esto, pero si tu lo quieres aprender, te voy dar clases y te cobraré una mensualidad”. Es esta capitalización para pensar todo en términos económicos. 

Este modelo, en el que cada persona se preocupa por sí misma, no nos lleva a nada bueno. El yo trabajar para estar bien y para mi familia funciona en cierta medida, pero llega un punto en que necesitamos de los demás y no está mal pedir ayuda, y ayudar a los demás.

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Desde tu perspectiva como mujer, y tomando en cuenta el sistema patriarcal, ¿cómo visualizas tu papel como mujer?, ¿cuál ha sido tu lucha cotidiana?

He tratado de explorar esa historia previa a la conformación de la comunidad. De lo que he leído de la historia zapoteca, he encontrado distintas figuras femeninas. Por ejemplo, Centeotl, que es la diosa de la fertilidad a la que se le encomendaban las cosechas, es justamente una figura femenina. Era muy importante para la reproducción de la vida, para mantener a la comunidad. También hay varias figuras dentro de la historia de las y los gobernantes donde se resaltan las figuras masculinas, pero también hay referencia a figuras femeninas, como las historias que se fueron recuperando. 

Muchos de estos relatos fueron escritos por hombres no indígenas que no pertenecían a la cultura zapoteca y se invisibilizó, al igual que en otras culturas, el papel de la figura de las mujeres. Lo que pasó en las comunidades es que se adoptaron estas formas de organización política, impuestas en la época del virreinato, para mantener sus estructuras basadas en un alcalde, un gobernador. Fueron procesos violentos para mantener comunidades en la que los hombres eran nombrados en los puestos de autoridad, para que fueran ellos quienes dialogaran. Se hizo esta herencia de esta estructura de excluir a las mujeres

Particularmente en la comunidad se había mantenido de esa manera, pero no obstante las mujeres siempre estaban presentes de alguna manera en las asambleas. Yo no recuerdo que haya habido una prohibición en la que las mujeres no pudieran entrar a la asamblea, siempre había la flexibilidad de que si el hombre de la familia no podía estar en la asamblea, podía estar la mujer. Yo recuerdo que mi padre trabajaba fuera y a las asambleas iba con mi mamá. Cuando fueron nombrados para el comité del agua mi mamá fue al recibimiento. 

A partir del 2015 que se da la cuestión de la ley de paridad y que se hace una obligatoriedad también de participación de mujeres en el cabildo municipal y comisariados de bienes ejidales, incluso en los de bienes comunales, se nombran más mujeres. Aunque antes ya había mujeres para mayordomías, para comités de centros de salud, aunque no en el municipio. Empieza a haber un cambio y la verdad es que las primeras mujeres que participan en el cabildo municipal dejaron un estándar muy alto para las que siguen o sigamos, ya que trabajaron muy bien. Gracias a ellas se mantuvo unido el cabildo, ya que veníamos de varios cabildos peleados o divididos. Fue un trabajo muy bueno y todo mundo decía “¡qué buen trabajo hicieron y lo lograron!”. Ahora en lugar de nombrar a dos mujeres se nombraron a cuatro. Vamos por buen camino, ahora yo tengo un servicio, soy del comité de madres de familia de la escuela y pues nos coordinamos muy bien. Necesitamos aprender entre compañeras, en los diferentes servicios, una visión de más participación. 

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Sobre Edith Matías Juan

Egresada de la Licenciatura en Ciencias de la Educación por la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca (UABJO). Intérprete en lengua indígena Diidxazá (Zapoteco) ? Español, acreditada por el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI). Es egresada del diplomado en “Estudios de las mujeres, feminismos y descolonización”, impartido por la UABJO y la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI). También, es promotora de los derechos lingüísticos de los pueblos indígenas, desarrollando procesos de formación de intérpretes y coordinando la campaña “Los Derechos Viven en Todas las Lenguas”.

Colaboradora del Centro Profesional Indígena de Asesoría, Defensa y Traducción Asociación Civil, una Organización integrada por profesionistas indígenas. Constituida legalmente el 4 de noviembre de 2005, surge en el escenario social oaxaqueño como respuesta ante la necesidad de los hablantes de lenguas indígenas de ejercer sus derechos lingüísticos, en el ámbito judicial. A lo largo de 15 años de trayectoria, la organización se ha ido consolidando, tanto de manera interna como de manera externa. Al interior ha logrado construir una dinámica de trabajo colaborativo, con un objetivo a largo plazo que debe ir alcanzándose, a través de una serie de metas establecidas desde tres líneas estratégicas: ejercicio de derechos, acción y política pública y fortalecimiento humano colectivo.

El humanitario oficio de Edith Matías como intérprete de indígenas en prisión.

Entrevista a Edith Matías, Coordinadora de Proyectos en el Cepiadet, que nos platica sobre las actividades que realiza dentro de la organización.

Por: Mauricio del Villar

Foto principal: Tamoa

Créditos: masdemx.com

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